La Moda: Historia de una Revolución propia

Miro y remiro mis zapatos de Galliano e intento dejar de pensar lo bien que hice al comprarlos después del alboroto entorno al diseñador -a pesar de haberme llevado unos meses malviviendo en Paris-. Son casi una especie de bandera tricolor francesa roída por las vivencias para aquellos que vivieron la Revolución allá por el 1800. Un emblema, un símbolo, para los que confiamos más en un zapato de tacón que en aquel que duerme a nuestro lado en la madrugada del Sábado.

John Galliano, además de emborracharse en una terraza de París y actuar de forma más que lamentable, ha sido sin duda unos de los grandes revolucionarios de la moda del siglo XXI. Supo, como pocos, distinguir entre el vestir el cuerpo femenino y decorarlo. Además de vender perfumes como el resto de las firmas de ésta nuestra época, supo en Dior diferenciar entre una simple tela que cubre el cuerpo y el consagrar a la mujer como lienzo. La Haute Couture en su máxima expresión. Un revolucionario de nuestra época, pero no por ello el más destacable en la historia de la Costura.

Hemos de reconocer que todo empezó mucho antes de que lo pudiéramos vivir ninguno de los que hoy participamos en esta era de consumismo dónde el “diseñador” no se ocupa más que del diseño de camisetas básicas de algodón y de posar para fotos en multitudinarios eventos. Antes, todo estaba cargado de dosis de magia. Worth (1825-1895) es considerado el primer creador, el primer modisto del siglo XIX.

Cuando él apareció, inocente de él, nunca se imaginaria que, un siglo después, sus compañeros de profesión utilizarían sus nombres para vender perfumes, e incluso bicicletas o toallas para el baño. Solo deseaba vestir a la mujer y domesticar la moda que hasta entonces era cuestión de comerciantes y llevaba siglos siendo plana. Si consideramos que su musa era Pauline de Metternich, esposa del embajador de Austria, podemos hacernos a la idea de la magnitud de la diferencia de carácter del asunto, teniendo en cuenta que Lindsay Lohan fue imagen de la Maison Chanel el pasado año.

Galliano, ‘enfant terrible’ de Dior

Le siguió Paul Poiret (1879-1944): expulsó de la época las estructuras artificiales, los aparatosos postizos y los volúmenes exagerados; así como puede considerarse el impulsor de la creación de la primera “marca de moda”. Le debemos una línea en el vestir infinitamente más natural que la creada hasta aquel momento, tanto en las formas, como en los colores. Pronto empezarían las primeras fiestas alrededor de la firma, la creación de accesorios y, tímidamente, velas y muebles.

Con la I Guerra Mundial llegó su mayor enemiga, una joven que aprendió la costura en el orfanato: Gabrielle Chanel. Y con ella, que Poiret se convirtiera en la primera marca de moda en caer en la ruina. La modernidad y depuración alcanza su máximo exponente con la creación del legendario “petit robe noir”. El simple, a la par que sofisticado, vestido negro que consagraría a Chanel como el emblema de la época por excelencia. Las colaboraciones con las revistas de actualidad y el multiplicar el número de sucursales para la venta llegaron con ella.

A Yves Saint Laurent y Christian Dior podemos considerarlos como los grandes nexos de unión entre el cine y la moda.

Lo que viene en años posteriores, no resulta mucho más familiar… Más tarde llegarían los “creadores” que se hicieron con el negocio: Ralph Lauren y sus mítico emblema o Calvin Klein y su ropa interior, son solo algunos ejemplos. Poco romanticismo, pero, al fin y al cabo, Revolucionarios.

En la era 2000, con Tom Ford, Gaultier y Galliano a la cabeza llegaron los creadores “superstar”. Desfiles multitudinarios, fiestas desenfrenadas, escándalos amorosos, innumerables líneas de producto… Igualmente, comparten contexto creadores como Alber Elbaz o MCqueen, son y serán consideramos artistas del tejido. Pasarán a la historia por haber creado concepto y tipos de mujer cada temporada, pero ¿dónde está la frontera entre el gran Creador de Arte y el gran Hombre de Negocios?

Hoy, todo ha cambiado, todo se mezcla: Capitalismo, actrices, lujo, tendencias, calle, fotógrafos, éxito, escándalos, arte, perfumes, estrategias de marketing, distinción, adicciones, ficción e ironía. Mucha ironía.